Una web no se rompe de golpe: se va quedando atrás. Estas son las señales que ve tu cliente aunque tú ya no las notes de tanto mirarla.
1. Tarda en abrirse
Si desde el móvil pasan más de tres segundos hasta que se ve algo, mucha gente se va antes de leerte. Pruébalo tú con datos móviles, fuera de casa y sin wifi.
2. En el móvil hay que hacer zoom
Si tienes que ampliar con los dedos para leer, o el menú se sale de la pantalla, esa web se diseñó para ordenador. Hoy la mayoría de la gente te va a encontrar desde el teléfono.
3. El navegador dice «no es seguro»
Ese aviso aparece cuando falta el certificado de seguridad. Espanta visitas y además perjudica en Google. Se arregla en un rato y no cuesta dinero.
4. Hay información que ya no es verdad
Precios viejos, un horario que cambiaste, un servicio que ya no das o un teléfono antiguo. Es lo que más molesta a quien te llama, y lo más fácil de corregir.
Si te cuesta más pedir un cambio que hacerlo tú, tu web tiene un problema de gestión, no de diseño.
5. No se sabe qué hacer al llegar
Abre tu web y cuenta cuántos segundos tarda alguien de fuera en entender qué vendes y cómo contactarte. Si hay que bajar a buscarlo, está mal colocado.
6. Nadie la actualiza desde hace años
Una web parada acumula fallos: complementos sin actualizar, formularios que ya no envían, fotos que no cargan. Muchas veces el formulario lleva meses roto y nadie se ha enterado.
7. Te da apuro pasar el enlace
Esta es la más honesta de todas. Si cuando alguien te pide la web prefieres mandarle el Instagram, ya tienes la respuesta.
Qué se arregla sin empezar de cero
- El diseño y la estructura: es lo que más se nota y lo más rápido.
- La velocidad y la vista en móvil.
- El certificado de seguridad y los formularios.
- Los textos: se conservan y se ordenan mejor, no hace falta reescribirlo todo.
Si conservas el dominio y el contenido, renovar suele salir bastante más barato que empezar de nuevo. Antes de decidir, comprueba de quién es tu web: si el dominio no está a tu nombre, eso se resuelve primero.