Encargar una web es de esas compras que casi nadie repite. Y como no se repite, no se aprende: la mayoría de la gente firma sin saber qué está comprando y se entera de lo que faltaba dos años después, cuando quiere cambiar algo y no puede. Esta guía es lo que conviene saber antes, no después.
Los cuatro sitios donde se puede contratar
No hay una opción buena y tres malas: hay cuatro que sirven para cosas distintas. Lo que falla es elegir por precio sin mirar para qué está pensada cada una.
Una plataforma que te la haces tú
Wix, Squarespace, Shopify y similares. Pagas entre 15 y 40 € al mes y la montas tú arrastrando bloques. Sale barata si tu tiempo no cuenta y si te apañas con el ordenador. El inconveniente serio llega después: la web vive dentro de esa plataforma y no se puede sacar. El día que subas de precio o cierres, empiezas de cero.
Un autónomo o profesional independiente
Una sola persona que diseña, programa y publica. Suele ser lo más razonable para un negocio pequeño: hablas siempre con quien hace el trabajo, el precio es la mitad que en una agencia y las decisiones no pasan por tres reuniones. El riesgo es la dependencia de una persona: si desaparece, hay que buscar a otra, y por eso importa tanto que todo esté a tu nombre.
Una agencia
Un equipo con diseñador, programador y alguien que lleva la cuenta. Tiene sentido cuando el proyecto es grande, hay varios idiomas o integraciones con sistemas que ya usas. Cuesta entre dos y cinco veces más, y para una web de cinco páginas ese dinero se va en coordinación, no en tu web.
Alguien conocido que sabe de ordenadores
La opción más común y la que peor acaba. No porque no sepan, sino porque un favor no tiene contrato, ni plazo, ni obligación de seguir estando dentro de un año. Si vas por ahí, pon las mismas condiciones por escrito que le pedirías a un desconocido. Se lo agradeceréis los dos.
Las tres preguntas que hay que hacer antes de firmar
Si te da pereza leer el resto, quédate con esto. Las tres respuestas deben estar por escrito, no dichas por teléfono.
1. ¿A nombre de quién se registra el dominio?
El dominio es tu dirección en internet y es lo único verdaderamente irreemplazable: puedes rehacer la web, pero no puedes recuperar un nombre que está a nombre de otro. Debe figurar el tuyo como titular desde el primer día, aunque lo compre y lo pague quien te hace la web. Si la respuesta es «no te preocupes, lo llevo yo en mi cuenta», es motivo suficiente para no contratar.
2. Si me voy, ¿qué me llevo?
La respuesta correcta es: el código de la web y su base de datos, entregados sin coste y en un plazo concreto. Eso es lo que te permite llevártela a otro sitio. Ojo: recibir esa copia no es lo mismo que tener la web funcionando, porque necesitará un servidor donde ejecutarse. Pero sin la copia, directamente no hay nada que llevarse.
3. ¿Qué pasa el mes que viene?
Una web publicada tiene costes recurrentes lo quieras o no: el servidor donde vive, la renovación del dominio y las actualizaciones de seguridad. Pregunta qué cuesta cada cosa, quién la paga y qué ocurre si dejas de pagar. Un presupuesto que solo dice el precio de construirla está incompleto.
Cuánto cuesta de verdad en España
Precios orientativos de 2026 para un negocio pequeño, con IVA incluido y sin contar campañas de publicidad:
- Renovar una web que ya existe: entre 300 y 700 €.
- Una web nueva de hasta cinco páginas: entre 500 y 1.500 €.
- Una tienda online sencilla: entre 1.200 y 3.000 €.
- Mantenimiento mensual: entre 5 y 40 € según lo que incluya.
- Dominio: entre 12 y 25 € al año.
- Servidor: entre 5 y 30 € al mes, salvo que vaya incluido en el mantenimiento.
Por debajo de 300 € casi siempre hay una plantilla con tu logo encima. Puede valerte, pero conviene saber que es eso y no un trabajo a medida. Por encima de 3.000 € para una web de cinco páginas, pide que te desglosen en qué se va el dinero.
Señales de que conviene seguir buscando
- No te dan un presupuesto por escrito con lo que incluye y lo que no.
- El dominio se registra en su cuenta «para simplificar».
- No hay respuesta clara a qué pasa si un día te quieres ir.
- Te presionan para decidir hoy con un descuento que caduca.
- El precio de mantenimiento no aparece hasta después de la entrega.
- No enseñan ningún trabajo anterior que puedas visitar.
Qué necesitas tener listo antes de pedir presupuesto
Cuanto más concreto seas, menos te van a inflar el precio por incertidumbre. No hace falta que lo tengas todo, pero sí saber qué falta:
- 1Qué quieres que consiga la web: que te llamen, que te compren, o que te encuentren al buscarte.
- 2Cuántas páginas y de qué: quiénes sois, servicios, precios, contacto…
- 3Si tienes textos y fotos, o hay que hacerlos.
- 4Si ya tienes dominio, y a nombre de quién está.
- 5Si tienes que conectar con algo que ya usas: reservas, facturación, TPV.
- 6Cuándo quieres tenerla y cuánto puedes gastar.
Y si no sabes por dónde empezar
Es lo normal, y no es un problema tuyo: el sector lleva años explicando esto en un idioma que no entiende nadie de fuera. Un proveedor decente te va a preguntar por tu negocio, no por tus preferencias de servidor. Si en la primera conversación te piden decisiones técnicas que no puedes tomar, esa es la señal.
En WebsWellia trabajamos con [precio cerrado antes de empezar](/#planes), el dominio siempre a tu nombre, y el servidor incluido en la cuota mensual para que no tengas que contratar nada por tu cuenta. Si te vas, te entregamos el código y la base de datos.